El plan de Dios que destroza nuestros planes y nuestros sueños


Se aproxima el nacimiento de Jesús, el Enviado de Dios. Pensemos en actitudes de fe que hacen posible que el mismo Dios sea acogido. José, hombre justo y delicado, pidió a Dios un signo antes de divorciarse de María y Dios se lo concedió, le habló en un sueño. Veamos qué nos aporta la actitud de José para recibir los PLANES DE DIOS, un Dios que está con nosotros.

Eucaristía de familias en el cuarto domingo de Adviento

Cuarto domingo de Adviento

Cuarto domingo de Adviento en Parroquia Ntra. Sra. de Lluc

Lectura del profeta Isaías 7, 10-14

En aquellos días, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo». Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor».

Quizás nuestra obediencia responde a nuestra ambición y orgullo y por tanto, como Acaz, rechazamos los signos que Dios desea ofrecernos para emprender un nuevo camino…

Desesperadamente el profeta intenta convencer a Acaz para que no se fíe de las armas y de su poder, en los que parece que confía más; es lo que nos pasa a nosotros cuando no empeñamos en realizar nuestros caprichos, sin hacer caso a nada, ni a nadie.

Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombre que cansáis incluso a Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está en­cinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa: “Dios-con-nosotros”».

Deberíamos  preguntarnos: ¿de verdad nos agrada  esa presencia divina?

O nos va mejor ese DIOS-PARA-NOSOTROS con el que mantenemos las distancias y al que rezamos cuando estamos en apuros, o en los momentos que a nosotros nos gusta.

Lectura de la carta a los romanos 1, 1-7

Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para anun­ciar el Evangelio de Dios. Este Evangelio, prometido ya por sus profetas en las Escrituras santas, se refiere a su Hijo, nacido, según la carne, de la estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor. Por él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos los gentiles respondan a la fe, para gloria de su nombre. Entre ellos estáis también vosotros, llamados por Cristo Jesús. A todos los de Roma, a quien Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos, os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

Pablo, hoy nos insiste en la alternancia «carne» y «Espíritu». Nos hace entender el nacimiento de Jesús desde dos aspectos, el humano y el divino. Por un lado, Jesús nace de la estirpe de David, es humano. Por otro, el nacimiento divino, el del Espíritu. Jesús el el Hijo de Dios con pleno poder sobre la muerte, gracias a su resurrección.

Según la carne, Jesús asumió nuestras limitaciones. Pero, a partir de Belén, Pablo descubre un camino que, pasando por la cruz, llega a la pascua.

Lectura del evangelio según S. Mateo 1, 18-24

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo, por obra del Espíritu Santo. (sale)

Eucaristía de familias, 4º domingo de Adviento. "Quizás nosotros, como María, tendríamos que ser capaces de acoger y guardar en el corazón, unas palabras que no comprendemos".

José, su esposo, que era bueno y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había to­mado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».  (Sale)

Eucaristía de familias, 4º domingo de Adviento. Como a José, un «sueño», tendría que hacernos comprender el sueño, el plan de Dios que destroza nuestros planes y nuestros sueños.

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa: “Dios-con-nosotros”». (Niño)

Eucaristía de familias, 4º domingo de Adviento. "Dios está con nosotros"

Dios está con nosotros. No pertenece a una religión u otra. No es propiedad de los cristianos. Tampoco de los buenos. Es de todos sus hijos e hijas.

Dios está con nosotros. No escuchamos su voz. No vemos su rostro. Como somos muy distraídos y estamos a lo nuestro, no nos damos cuenta de su presencia discreta

Dios está con nosotros. Es nuestro mejor amigo, y por eso nos atrae hacia lo bueno, lo hermoso, lo justo.

Dios está con nosotros. Como es un niño nos comprende mejor que nadie. Siempre nos está invitando a amar la vida y hacerla siempre mejor.

Dios está con nosotros. Está con los que peor lo pasan por eso nos llama a construir una vida más fraterna.

Dios está con nosotros. Nos acompaña cada día y nos acogerá en la hora final con un abrazo.

Dios está con nosotros. Esto es lo que celebraremos los cristianos en las fiestas de Navidad: creyentes, menos creyentes, malos creyentes y casi increyentes. Esta fe sostiene nuestra esperanza y pone alegría en nuestras vidas.

 Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer

Es hermoso pensar que, en aquella casa, sonaron expresiones habituales como éstas: Jesús, hazme caso…; ¿dónde te has metido, Jesús?; ¡ven acá!…; Jesús, necesito que…; Jesús, ven a echarme una mano…

El Dios-con-nosotros, metido en nuestras vidas y asuntos,  puede resultarnos algo incómodo.

Nos viene bien un Dios con el que mantener las distancias. Pero un Dios que se encarna en Jesús, que significa “Dios salva”, y que camina con nosotros, nos exige transmitir con nuestra vida su significado, como José y María.

Eucaristía de familias, 4º domingo de Adviento.

 

San José pinta poco en esta historia de la salvación, pero tuvo un importante papel que jugar. Sin su presencia hasta la misma vida de Jesús habría sido  sospechosa e inaceptable. Y la vida de María habría sido imposible en su Nazaret natal.

Hay muchos José entre nosotros. Hay muchas relaciones rotas y muchos sueños hechos añicos entre nosotros. Hay muchas situaciones conflictivas en los matrimonios entre nosotros.

Pero José que era un hombre justo pidió a Dios un signo antes de divorciarse de María y Dios se lo concedió. Dios le habló en un sueño. Para las cosas de Dios hay que soñar.

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